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Cómo Ser Más Disciplinado Y Enfocarte Más: La Guía Definitiva

¿Cuántas cosas habríamos logrado si fuésemos disciplinados en la vida? O, puesto en términos opuestos ¿Cuántas cosas hemos dejado de lograr por no tener disciplina?

El hecho es que para ser disciplinados requerimos de la convergencia de múltiples factores. Si lo piensas, desde pequeños mostramos mayores competencias en algunas áreas. Bien podrías destacarte en un instrumento musical, en los deportes, o te gustaba escribir, o hacer cálculos, o dibujar, o cantar o muchas otras vocaciones tal vez perdidas. Sí, la mayoría de esas prístinas muestras de destello suelen perderse en el camino porque no hemos contado con las herramientas necesarias para mantenernos en la lucha y convertir deseos en realidades.

En esa época de la infancia hablábamos de la disciplina como una serie de reglas y condiciones impuestas generalmente desde fuera, por padres, maestros y familiares, con el fin de generar ciertos hábitos. Se esperaba que en el proceso de desarrollo esas reglas externas se internalicen y se conviertan en normas propias, en autodisciplina. Concentrémonos pues, inicialmente, en desenmarañar ese concepto.

 

¿Qué Aspectos Involucra La Autodisciplina?

La autodisciplina es un proceso en el que, definidos unos objetivos, construyes hábitos permanentes que te permitan lograrlos, dividiendo la meta en pequeñas metas que evaluarás periódicamente.

Visto así, aquello de que todo lo podemos si queremos, no pasa de ser una frase motivacional sin mucho fondo. Para lograr algo se necesita más que solo desearlo. Si fuera por quererlo, ya me habría ganado el premio nobel de literatura, tendría 4 hermosos perros y suficiente dinero para escribir sin presión alguna, además de otras cosas interesantes que no estoy dispuesto a contarles. Pero nada de eso ha pasado, porque todos queremos muchas pero muchas cosas, pero requerimos de otras condiciones para lograrlas.

Entre las condiciones necesarias para logar un hábito, en el caso de ser disciplinados, requieres de un fuerte agente motivacional y de un plan a largo plazo para lograrlo.

En cuanto a la motivación, existe la motivación extrínseca y la motivación intrínseca. La motivación extrínseca es la que proviene de una fuente externa a ti, tal como premiar a un niño dejándolo ir a jugar cuando hace algo que le pedimos, o los bonos por buen desempeño en el trabajo, las caritas felices y en general cualquier tipo de incentivo físico o simbólico que recibimos por cumplir con una tarea. Esos motivadores funcionan bien pero si los retiras la conducta decae. ¿Si ya no te van a dar más dinero por qué esforzarte más en el trabajo? ¿Si ya no hay galletas ni caritas felices para qué hacer una tarea?

Al contrario, la motivación intrínseca es la que proviene de los intereses de la propia persona, aquellas energía vital o razones personales que nos llevan a movernos y mantenernos en la lucha. Bajar de peso para sentirnos bien con nosotros mismos y terminar un proyecto por la satisfacción personal son dos ejemplos de este tipo de motivaciones intrínsecas, que no dependen de nadie externo. Estos motivadores son mucho más efectivos a largo plazo porque se relacionan con las expectativas y las necesidades de satisfacción personal.

Ahora, tampoco es suficiente con la motivación para lograr ser disciplinados. La motivación es el combustible de nuestra acción pero debes conducir el vehículo adecuadamente para que llegue al sitio esperado y no se choque. Requieres de un plan de acción a largo plazo, dividido en partes o submetas, para que esa motivación se traduzca en acciones conducentes a la adquisición de hábitos regulares de trabajo y esfuerzo.

Para ser disciplinado necesitas entonces, de la energía vital que da la motivación, preferiblemente intrínseca, junto con la planeación de la acción que controle tus deseos e impulsos, a la vez que canalice y oriente esa energía en buena ruta. Así, nuestra primera conclusión es que para ser autodisciplinados debemos aprender a ahorrar: comprometernos con una gran ganancia a largo plazo y no con exiguas gratificaciones inmediatas, como las que a diario aparecen en nuestro camino para distraernos.

En el plan que hagas algunas preguntas te ayudarán a focalizarte:

  • ¿Específicamente qué es lo que quieres lograr?
  • ¿Siendo muy honesto, qué razones son las que te llevan a querer logar esa meta?
  • ¿Cuáles son los distractores que debes eliminar o controlar?
  • ¿Cómo vas a controlar que los distractores no acaben con tu plan?
  • ¿Cómo organizarás tus actividades de acuerdo con su importancia?
  • ¿Con qué tipo de informes o gráficas revisarás que estés avanzando en tus objetivos?

Ahora, no basta con que hagamos algo consistentemente para convertirlo en una disciplina permanente. Habrás visto personas que una y otra vez intentan lo mismo pero siguen haciéndolo de la misma manera, cual hámster que sigue dando vueltas en la rueda sin mirar a ningún lado, sin darse cuenta de lo que pasa. Eso lo debemos evitar, y podemos hacerlo siendo regulares en la ejecución de las acciones programadas y, junto con ello, evaluando permanentemente lo que sucede a nuestro alrededor para monitorear y corregir el comportamiento de acuerdo con los nuevos cambios que se generen en el contexto.

Así, por ejemplo, puedes estar decidido a adquirir rutinas de ejercicio. Con toda tu energía te pones tu ropa deportiva y comienzas a correr todas las mañanas. Para ver resultados te pones la meta de correr 90 minutos todos los días de la semana, pero después de pocos días comienzas a sentir molestias en los pies. Como es tu objetivo, continúas corriendo 90 minutos todos los días ignorando el dolor hasta que tu cuerpo no aguanta más y te lesionas.

En este caso la energía y la motivación estaban, igual que la rutina, pero no hubo adecuación del plan de acuerdo con lo que estaba sucediendo y el resultado fue que al final no puedes continuar con el plan, le dices adiós a la disciplina y probablemente ganes una buena cantidad de kilos mirando televisión en un sofá.

Retomando nuestra idea, que se va haciendo más robusta, para ser disciplinado deberás realizar pequeñas acciones consistentemente, regulando y corrigiendo constantemente tu comportamiento de acuerdo con los cambios en tu contexto, adquiriendo la habilidad proactiva de seguir normas y reglas aceptadas por ti.

Cuando empieces a hacerlo, luego de pocos días verás los resultados en varios escenarios:

  • Serás más productivo.
  • Te enfocarás en objetivos específicos.
  • Canalizarás tu energía y la aprovecharás de mejor manera.
  • Tendrás mayor control de los distractores.
  • Mejorará tu autoconfianza.
  • Valorarás mejor tus propias competencias.
  • Tendrás mayor percepción de autocontrol.
  • Optimizarás el uso de tus recursos personales.
  • Necesitarás menos esfuerzo para cumplir con las tareas.
  • Te sentirás mejor consigo mismo.

¿Qué Necesitas Para Ser Disciplinado?

Luego de esta introducción, en la que te mencione los aspectos más gruesos sobre lo que es la disciplina, concentrémonos en los diferentes aspectos requeridos para lograr desarrollar esta competencia.

1.- Tener Un Por Qué

Como todo en la vida, necesitas de una motivación que te mueva a actuar en busca de una meta específica. Si no tienes una fuerte motivación, o esta motivación es extrínseca, la posibilidad de que tu objetivo se convierta en un hábito permanente se reduce drásticamente.

Para encontrar ese combustible que necesita tu propósito pregúntate:

¿Qué es lo que quieres lograr?

¿Por qué quieres ser disciplinado?

¿Qué te mueve a hacerlo?

¿Qué obtendrás?

Siendo lo más sincero posible contigo mismo ¿qué estás dispuesto a sacrificar para lograrlo?

¿Eso que obtendrás es suficientemente importante como para cambiar tus cómodos hábitos?

Esta reflexión, previa a la acción, te permitirá identificar si tus motivaciones son lo suficientemente fuertes para emprender la empresa de ser una persona más disciplinada. Si ves que esas razones no te dan la energía necesaria, busca otras motivaciones complementarias que te den largo aliento en tu lucha.

2.- Tener Un Compromiso Inquebrantable

Aquí entramos en una paradoja: para tener un compromiso inquebrantable necesitas disciplina, pero si ejecutas este proyecto justamente porque no tienes la disciplina necesaria, ¿cómo lo vas a lograr?

Lo primero que debes hacer es escribir, y preferiblemente dejar visible en alguna parte de tu espacio, un plan de trabajo con acciones y fechas a largo plazo. Dividirás el objetivo grande en pequeñas acciones progresivas que en suma te llevarán al macro objetivo de ser disciplinado.

Ese plan debe ser realista. No intentes volverte disciplinado de la noche a la mañana. Esos objetivos deben ser pequeños avances progresivos que de verdad puedas cumplir al inicio. Los irás subiendo poco a poco, en la medida que cumplas los anteriores. Si te pones objetivos muy elevados para los primeros días y semanas será como pedirle a un niño que resuelva una ecuación matemática de segundo grado cuando apenas está empezando a multiplicar.

Tanto para definir el plan como para controlar su cumplimiento, te vendrá bien, especialmente al inicio del proyecto, contar con ayudas externas. Una de las opciones es solicitar la ayuda de algún familiar o amigo que se caracterice por ser riguroso y cumplido.

Puedes pedirle su ayuda para que monitoree periódicamente que estés cumpliendo con los objetivos propuestos. También puedes contar con esa o esas personas para pedir asesoría cuando ves que vas por mal camino o cuando necesites alguna sugerencia relacionada con el proyecto.

Si no tienes esa persona, o no quieres acudir a otros, puedes asumir tú mismo ese rol de monitoreo, control y evaluación permanente. Definidas claramente las acciones, los indicadores de logro y las fechas, debes revisar todos los días que los estés logrando. Puedes apelar a premios por el cumplimiento y a algunas sanciones por su incumplimiento. Siempre será preferible premiar que castigar. Cuando te apliques sanciones, que éstas sean justas y entendidas como un incentivo para corregir lo que haces. En cualquier caso, el mejor control será tener siempre en mente tu objetivo final.

3-. Ser Responsable Con Tu Proyecto

Quiero insistir en este punto. Debes ser responsable con tu proyecto, con o sin ayuda externa. La responsabilidad con tu propósito de ser disciplinado significa que te comprometes a cumplirlo fielmente de acuerdo con las condiciones estipuladas porque entiendes la importancia que tiene para tu proyecto de vida y que eres consciente de que los resultados dependen enteramente de ti.

4.- Tener recompensas y sanciones

Este es otro punto importante sobre el que quiero insistir. Puede sonar un poco tedioso el tema de recompensar, y más aún el de castigar, pero funciona. Si lo piensas bien, todo el tiempo estamos recibiendo premios y castigos casi sin darnos cuenta. Nos premian con caritas felices, besos, con el salario, con bonos y con una sonrisa, por ejemplo. Y esos premios funcionan perfectamente porque nos motivan a seguir adelante.

Los castigos también: quitar premios o beneficios con tu pareja, reducción del salario, sanciones económicas, una cara enojada o recriminaciones son consecuencias negativas de nuestros actos que evitamos a toda costa y que nos ayudan a no incurrir en errores. Luego, si funcionan en la vida, porque es una de las bases del aprendizaje de todos los humanos, por qué no usarlas en tu proyecto.

Estos sistemas de premios y sanciones te serán particularmente útiles en los momentos de debilidad. Será un proceso a largo plazo y nuestra conducta no se caracteriza por ser una constante; al contrario, tiene altibajos con momentos iniciales de alta motivación que progresivamente tiende a decaer hasta llegar a momentos críticos en los que querrás cruzarte de brazos y no hacer nada o saltarte la barda y huir de la disciplina.

5.- Mantén Las Normas Personales

Ya vamos entendiendo de qué se trata la autodisciplina. Es eminentemente una negociación contigo mismo, con acuerdos para seguir normas y rendir cuentas, siempre en función de un objetivo poderoso y a largo plazo. Para lograrlo necesitarás regularte y corregir el rumbo cuando te salgas de los límites autoimpuestos, en tu propio beneficio.

Para que el seguimiento de las normas sea efectivo pregúntate:

  • ¿Cuáles es el nivel de logro que esperas alcanzar?
  • ¿Cuáles son esas normas y su nivel de exigencia?
  • ¿Qué comportamientos precisos te estás comprometiendo a realizar?
  • ¿Cuáles serán las conductas en las que no incurrirás?
  • ¿Cuáles serán las consecuencias positivas y negativas de tus actos?

6.- Busca un entorno competitivo

La competencia es una condición muy humana. Nos ayuda a exigirnos más de manera permanente, porque nos da una imagen clara y externa, visible, de lo que queremos obtener. Nos facilita enfocarnos en acciones tendientes al resultado esperado.

Esa competencia bien puede ser un acuerdo entre amigos para alcanzar objetivos comunes. Pero también (y fundamentalmente debe ser así) puede ser una competencia consigo mismo, en la que registres de manera metódica en tablas y/o gráficas los niveles de logro alcanzados cada día y cada semana. La comparación de los datos históricos te da una buena idea del progreso y te permite establecer metas semanales para el mejoramiento.

¿Cuál Es El Proceso A Seguir Para Ser Autodisciplinado?

Con lo dicho hasta ahora, ya tenemos una imagen nítida de los diferentes elementos que componen la disciplina. En el resto del artículo nos concentraremos en la descripción del proceso a través del cual puedes desarrollar la habilidad de ser disciplinado.

1.- Define Lo Que Quieres

El primer paso es identificar el problema y sus causas. ¿Si no eres disciplinado eso significa que no lo eres en ninguna actividad, o lo eres en mayor medida en el campo académico, o en el trabajo, en las tediosas labores del hogar? En cada situación mencionada, las condiciones son bastante diferentes, así como las razones que generan el problema y las posibles soluciones.

En el primer caso deberás hacer un trabajo que involucre todas las esferas de la actividad y seguramente tendrás que involucrar algunos factores de personalidad y motivación intrínseca, en un programa con más áreas o tareas involucradas, evolucionando más lentamente.

En los otros casos, el problema está focalizado y te puedes concentrar en esos factores específicos, con un avance probable más rápido. De hecho puedes usar las áreas funcionales en las que no tienes problemas de disciplina como gancho motivacional y como modelo para generalizar esa conducta a las áreas deficientes.

Luego, al inicio de tu proyecto, deberás caracterizar el problema, identificar el grado y las áreas de afectación y las posibles causas y consecuencias.

2.- Describe Los Cambios Necesarios

Identificado el escenario actual, describe con precisión el escenario deseable, es decir, los comportamientos, las ideas y las actitudes relacionadas con la disciplina que te gustaría adquirir como parte integral de tu vida.

No pienses en muchas metas porque serán irrealizables de manera simultánea. Aquí se aplicaría bien el dicho popular de que “el que mucho abarca poca aprieta”. Si te planteas muchos retos tu capacidad de reacción no solo se dividirá sino que se desbordará y no lograrás avanzar. En cambio, si te defines una o dos metas, tendrás el control de la situación y la posibilidad de cambio en tu mano. Elige aquellas metas globales que estén en la base del problema, y que sean el punto de partida para que el resto de conductas no deseadas también cambien en un efecto dominó.

Al definir las metas u objetivos de trabajo, trata de ser lo más preciso y descriptivo posible. La claridad que logres en este punto será la piedra angular sobre la que se fundamentará el resto del proceso. Para cada meta deberás definir los comportamientos o hábitos involucrados. Hacerte preguntas te será de utilidad:

¿Qué comportamientos, ideas y actitudes negativas debo modificar para lograr esta meta?

¿Qué comportamientos, ideas y actitudes positivas que ya tengo me pueden ayudar a alcanzar la meta?

En esta última pregunta, lo que más te auxiliará en el proceso de mejoramiento personal son aquellos principios que mejor te describen, tus cualidades o valores sobresalientes. Aférrate a ellos e involúcralos como parte del proyecto. Por ejemplo, si un valor fundamental para ti es la puntualidad, haz que esa conducta controle la realización disciplinada de los compromisos adquiridos. Si es el respeto al otro lo que más te importa, haz acuerdos con amigos o familiares y comprométete con ellos a cumplir con las metas establecidas.

Hablando de la esencia de la persona, la disciplina te cambiará. Frente a tu cambio de conducta la gente te percibirá de otra manera y, lo más importante, tú mismo te verás de otra manera mejorando tu autoestima y tu seguridad personal.

3.- Busca Modelos

Una forma básica de aprendizaje a lo largo de toda la vida es la de usar modelos como referentes. Los modelos son personas cuyo comportamiento nos parece digno de imitar y tomamos como ejemplo de vida. Si piensas en tu propia historia de vida, verás que hay personas que te han marcado y a las que, de manera consciente o no consciente, has imitado o modelado. Esos modelos pueden ser tus padres, familiares, amigos, maestros, figuras públicas o alguien que admires. Un ejemplo claro de este fenómeno son las pautas de vestido y comportamiento derivadas de la imitación de los modelos presentados por la música, la televisión y el cine.

Para tus objetivos no se tratará de modelar la forma, de vestir sino las conductas propias de las personas disciplinadas. Elije una o varias personas que se caractericen por tener hábitos adecuados en cuanto a disciplina se refiere, preferiblemente con historias semejantes a la tuya, y plantéate preguntas como las siguientes:

  • ¿Qué hace que esa persona sea disciplinada?
  • ¿Cómo lo logra?
  • ¿Qué lo motiva?
  • ¿Qué comportamientos específicos lo definen como una persona disciplinada?
  • ¿Qué puedo aprender de esa persona?
  • ¿Cómo controla las distracciones?

4.- Revisa tus razones e identifica los obstáculos

Aunque ya hiciste un ejercicio previo de identificación de los motivantes que te llevan a querer ser disciplinado, es muy probable que en este punto del proceso hayas surgido nuevos elementos que dan más claridad sobre lo que quieres y sobre el por qué lo quieres. Analiza nuevamente si algo se te ha quedado por fuera y si hay otras motivaciones en las que te puedas apoyar para fortalecer tu decisión de cambio.

Adicionalmente, los caminos nunca están libres de piedras. Enfrentarás dificultades, amigos de juerga, presiones familiares e intereses propios que competirán con tu objetivo de ser disciplinado. Para adelantarte a esos posibles escollos, pregúntate:

  • ¿Qué obstáculos se pueden presentar en el camino?
  • ¿Qué personas de mi círculo social y laboral podrían interferir negativamente?
  • ¿Qué eventos o causas específicas podrían dificultarte el cumplimiento de las metas?

Y, no menos importante:

  • ¿Qué harás para controlar esos obstáculos?
  • ¿Cómo evitarás, de manera asertiva, que otras personas te dificulten el proceso?
  • ¿Cómo te anticiparás a los eventos que pudiesen debilitar tu empeño?

5.- Ejecuta tu plan de acción

Manos a la obra. Ya te has evaluado, has planeado, has identificado con claridad tus objetivos y los posibles inconvenientes. Es tiempo de llevar a la práctica tu plan de cambio hacia la autodisciplina.

Aquí se reúnen varios de los elementos que hemos mencionado:

  • Ya has definido las metas.
  • Identifica y describe claramente los indicadores que te permitirán observar y medir real y objetivamente hay cambios.
  • Divide esas metas en unidades más pequeñas que sean manejables. Cuando el objetivo es muy grande se puede ver como un gigante inabordable, y generar ansiedad, miedo, inseguridad y dificultades para creer que lo lograrás. En cambio, si tu meta grande se divide en pequeñas metas se verán como algo que puedes logar sin mayores problemas, generando mayor motivación, focalizando toda tu atención en esas unidades pequeñas y no en todo lo que debes resolver. Adicionalmente, te dará seguridad, mayor control y satisfacción al ver cómo vas progresivamente cumpliendo pequeños objetivos que van sumando a favor de tu cuenta personal.
  • Haz un cronograma con fechas precisas para alcanzar cada uno de esos objetivos pequeños. La sensación de control y de avance son fundamentales para mantener la motivación y seguir canalizando la energía en tus objetivos.
  • Cuando te sientas estancado, revisa los problemas, las causas y los objetivos. Intenta encontrar el problema y hacer aún más pequeños los objetivos para que puedas superarlos y continuar en la senda.
  • Ponte una fecha límite para el plan. Eso te dará mayor impulso para ser disciplinado en tu plan de ser disciplinado. No es una redundancia. Solo intento mostrarte que ejecutando el plan y manteniéndote en él, ya estarás siendo disciplinado.

6.- Busca apoyo, manteniendo el control

Los proyectos, especialmente si son ambiciosos, se llevan a cabo más fácilmente si se tiene compañía. Comparte tus objetivos con personas cercanas, con las que tengas comunicación frecuente y que sepas que te pueden apoyar, más allá de darte palmaditas en la espalda. Por supuesto que esa motivación es necesaria y te ayudará, pero además necesitarás de alguien que te ayude a examinar de manera objetiva los avances y que vaya contigo al lado apoyándote cuando estés débil o dudes de poder hacerlo, siempre pensando en el cumplimiento de los objetivos. No obstante, no olvides que la responsabilidad es tuya y solo tuya.

Otras Herramientas Para Ser Disciplinado

Adicionalmente a lo mencionado en el proceso, puedes valerte de otras estrategias que harán más sencillo ejecutar el plan.

 1.- Haz Un Compromiso Sincero

Tu compromiso contigo mismo y con el cambio debe ser absolutamente honesto y profundamente consciente. Es la única manera de que no abandones frente a los obstáculos.

Una forma de fortalecer el compromiso es la de firmar un contrato en el que especificas con descripciones precisas cuáles son las acciones que te comprometes a cambiar para conseguir los objetivos. No te servirá hacer una descripción global porque en ese caso no sabrás qué es lo que debes cambiar. Ese contrato también puede ser firmado con testigos que se comprometan contigo a ayudarte.

2-. Desarrolla Las Actitudes Relacionadas Con La Disciplina

Las personas disciplinadas también suelen ser entusiastas, proactivas, apasionadas y optimistas. Si desarrollas estas actitudes, será más fácil ser una persona disciplinada.

 3.- Desarrolla Una Mente Disciplinada

Cuando cambias tu mente, también cambias tus actitudes y tu comportamiento. Son tres dimensiones que no se pueden independizar. Por eso, en la medida en que tu atención se focalice y que la mantengas en tus metas, que pienses y mejores tus estrategias de solución de problemas y que uses la razón para continuar en tu propósito, estarás desarrollando habilidades cognitivas (o mentales, que en este caso trataremos como equivalentes) para ser disciplinado.

4.- Visualiza Los Resultados

Cuando te imaginas un cuadro en el que eres disciplinado suceden especialmente dos cosas. Primero, logras identificar más claramente lo que debes hacer para lograrlo. Segundo, esa imagen y su significado de mejoramiento personal te motiva e impulsa hacia ese objetivo.

5.- Prioriza tareas y Actividades

Haz de la planeación un hábito. Cuando estructuras de manera estratégica la realización de tus planes, identificas los niveles de prioridad y la secuencia en la que deben realizarse las acciones. El orden dará fluidez al proyecto, además de darte seguridad, disminuir la posibilidad de error y minimizar la injerencia del azar.

6.- Deja Las Quejas Y Excusas

Tanto las quejas como las excusas suelen ser formas encubiertas de autosabotearte y de decir que no puedes logar algo. En lugar de perder el tiempo en este tipo de reparos, que no conllevan  a ningún mejoramiento, continúa concentrado en ver las soluciones a los problemas. No crees problemas: acaba con ellos.

7.- No Te Quedes En El Perfeccionismo

La perfección es inalcanzable. No te concentres en detalles irrelevantes. Acepta tus avances y logros y continúa focalizado en tus objetivos de ser disciplinado hasta que lo logres.

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