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Cómo Aprender A Decir No Sin Sentir Remordimiento Ni Culpa

¿Se te hace dificil decir que “no” a los demás y eso termina causándote problemas y llevándote a situaciones desagradables?

Pues hoy te enseñaremos a poner límites de manera asertiva.

Aprender a decir “no” es una habilidad poderosa.

Gracias a los ejercicios para decir “no” puedes administrar mejor tu tiempo y recursos a medida que creces personal y profesionalmente.

Pero a veces puede ser muy difícil. Nos han enseñado que tenemos que complacer a todo mundo, especialmente en lo que respecta a lo laboral, eso nos causa estrés y fomenta ciclos de producción ineficientes. 

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¿Por qué es tan difícil decir que “no”?

Generalmente, esa marcada predisposición a querer cumplir con todo el mundo hace que se te haga difícil decir que no. El sentimiento de culpa por perder tu imagen de “persona agradable” te impide anteponer tus intereses.

Existen varios aspectos que te hacen responder de manera afirmativa a las múltiples  peticiones que recibes diariamente:

-La educación que recibiste desde tu infancia y que se acentúa en el ámbito profesional. Estás adiestrado para responder que “sí”.

-El temor a perder algo, ya sea una oportunidad o la simpatía de alguien.

-Quieres ser aceptado por todos y evitas a toda costa los conflictos.

-Tienes miedo al rechazo, ya sea personal o profesional.

-El creerte imprescindible y querer abarcar más de lo que te corresponde.

-Ausencia de límites en cuanto a tu capacidad y disponibilidad de tiempo y recursos.

-Pensar que no depende de ti negarte a las exigencias de un cliente.

-Entregarte a los deseos de otras personas independientemente de lo que consideres correcto.

-Creer que puedes con todo, o que tienes que poder con todo. Asumes exceso de responsabilidad y compromisos innecesarios.

Como ves, son muchas las sensaciones internas que te llevan a no poderte negar, y que seguramente no habías considerado. Internamente estás condicionado a responder siempre que “sí”, y debido a ello se te hace realmente complicado decir que no.

Te resulta tan difícil negarte que prefieres adaptarte a situaciones que a la larga solo te desvían de tu propio rumbo.

Es una batalla interna, donde hasta ahora has antepuesto el deseo de los demás a los tuyos. Por suerte es una habilidad o cualidad que puedes aprender y mejorar día a día, si sabes identificar qué te está empujando a decir que “sí” sin quererlo.

El agotador hábito de complacer a todos

Hemos desarrollado tal fobia a quedar mal, que muchas veces nos adelantamos a complacer a las personas sin que ni siquiera tengan que pedirnos algo de manera directa.

Piensa en todo el tiempo que gastas en actividades sociales vacías o que no te reportan ningún beneficio, como salir al bar los viernes con tus compañeros de trabajo; quizá realmente no te interesa ir, pero no quieres ofenderlos.

Muchos de nuestros hábitos más inútiles son resultado directo de no saber decir que no.

Además, seguramente también dejas que los demás te quiten el tiempo de muchas otras maneras.

Por ejemplo, cuando un compañero del trabajo llega a mitad de la mañana a contarnos un problema sentimental, nos distrae de los que tenemos que hacer pero nos parece muy grosero pedirle que deje su relato personal para otro momento. 

Decir “no” es algo que no solo debes hacer cuando otra persona quiere abusar de tu esfuerzo o tu trabajo, también tienes que identificar todos esos pequeños detalles de los demás que, intencionalmente o no, te restan productividad, te distraen de tu objetivo y te complican las cosas.

Ejemplos de distracciones y reacciones de personas complacientes

Correo electrónico/SMS/mensajería instantánea: Solicitudes de ayuda para tareas ajenas a tu labor, sabes que no es tu especialidad o que no te corresponde, pero igual aceptas porque piensas que puedes ayudar.

Reuniones/citas inútiles:  Aunque te percatas que una reunión o cita no tiene ningún objetivo claro y que no aporta nada a tus metas, te inventas excusas para asistir. Como por ejemplo: que el tiempo será corto o que te traerá futuros beneficios.

Excusas: La variedad de excusas que ofrecen las personas para no entregar una tarea es infinita, y lo sabes, pero igual decides tener consideración y extender los plazos de entrega.

Eventos: Asistir a eventos sin relevancia, que no se ajustan a tus responsabilidades actuales, por considerarlo una oportunidad de identificar negocios en los que “tal vez” puedas trabajar.

Desviaciones del proyecto: Cuando lees de alguna novedad en algún blog o página Web, aunque en realidad no la necesitas, centras tu atención y tiempo para aplicarla en tu proyecto.

Gestión de Clientes: El cliente en muchos casos utiliza argumentos de que su proyecto requiere esfuerzos adicionales para llevarlo adelante. Tú simplemente aceptas que es así y que debido a la retribución que recibirás es necesario hacerlo.

No temas decir “no”.

Puede parecer una palabra de dos letras poderosamente intimidante, pero a su vez es profundamente liberadora.

Cuando decides decir “sí”, no necesariamente es lo correcto, o, en todo caso, puede ser contraproducente para el desarrollo efectivo de tu proyecto.

Déjate llevar por tu intuición. Si en algún momento ya has pensado en decir “no” a algo, probablemente tengas que considerarlo antes de aceptar.

Decir “no” es tu escudo de batalla para desviar las distracciones, mantenerte fiel a ti mismo y aferrarte al rumbo adecuado.

Cada vez que aceptas hacer algo que no consideras apropiado, te trae inconvenientes innecesarios. Confía en tu instinto: tu cerebro te lo agradecerá.

Ejemplos de situaciones en las que te metes por no saber decir que no

“Necesito tu ayuda en esta tarea totalmente independiente”. Pierdes tiempo tratando de ayudar a un compañero en un proyecto ajeno al que perteneces, tiempo que puedes usar en el tuyo.

“Esta reunión no tiene ningún objetivo, pero igual debería asistir”. Puedes pasar horas discutiendo temas que no le traen ningún beneficio inmediato a tu proyecto.

“No tengo la asignación lista porque se me presentó un inconveniente personal”. Aunque era una tarea de suma importancia te llenas de consideración y decides cambiar la fecha de entrega, a sabiendas que tu imagen como líder del proyecto se verá afectada.

“No te pierdas esta conferencia ya que solo darán una al año”. Pasas todo un día como oyente de un tema que no representa ningún aporte al proyecto que trabajas y que no se relaciona en nada al área profesional en que te desenvuelves.

“Acabo de tener noticias de un método novedoso que me gustaría que incluyéramos en mi proyecto”. Te enfocas en entenderlo y ponerlo en práctica, y obtienes los mismos resultados que con la planificación inicial. Solo fue perdida de tiempo y recursos.

“Mi proyecto requiere esfuerzos adicionales para llevarlo a cabo. Necesitamos monitorización de estatus de operaciones diarios a los puntos de venta”.

A pesar de que en la planificación original acordaron una vez a la semana, aceptas la petición y te sobrecargas de un trabajo que daría los mismos resultados si se hiciera semanalmente.

Todas estas situaciones se refieren a esas responsabilidades que asumes y que al pasar el tiempo te generarán un malestar que no te permitirá funcionar o avanzar en forma eficiente con tu proyecto.

Debes saber hasta dónde puedes llegar para poder planificar tus actividades y cumplir con tus objetivos. Evita arrastrar cargas de exceso de trabajo.

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Cuándo decir que si y cuándo decir que no

Para poder identificar cuándo debes decir que “sí”’ y cuándo debes decir que “no”, debes ser asertivo. Es decir, debes tener la habilidad de defender tu punto de vista sin agredir al otro.

Tu enfoque debe fundamentarse en afrontar las situaciones que vayan en consonancia con tus deseos, valores o pensamientos por encima de lo que quieran las demás personas.

Si te estás iniciando en el mundo empresarial, al principio estarás obligado a decir que “sí” a casi todo, pero cuando ya estés posicionado en tu campo, tu respuesta debe ser “no” cuando así lo consideres necesario. Recuerda: confía en tu instinto.

Tu experiencia en un área específica te definirá claramente el rumbo que debes seguir y  podrás identificar las posibles distracciones que retrasarían la ejecución de tu proyecto.

Si estás trabajando en uno o dos proyectos, dedica tus esfuerzos a llevarlos adelante y a cumplir los objetivos que te planteaste, en ese caso, válete del “no” para evitar distracciones.

Ahora bien, si no tienes un proyecto en la actualidad, utiliza el “sí” como herramienta para captar posibles clientes y conseguir algún proyecto que esté disponible.

Tienes que estar claro que al decir “sí” estás diciendo que no a otro grupo de cosas. Debes tener claras tus prioridades y colocarlas en los eslabones de importancia que le corresponden a cada una.

La solución

Todo se trata de establecer una comunicación efectiva. Muestra que tienes una visión, un plan y una opinión.

Al articular claramente tus necesidades, desafíos o plazos, comienzas a eliminar las distracciones. A cambio, dejas de sentirte inclinado a la gente, porque has definido un plan de juego. La gente finalmente te respetará por estar en desacuerdo con ellos.

Es inevitable recibir peticiones para realizar tareas que no estaban contempladas inicialmente, pero esto implica un costo de esfuerzo y tiempo que acabará menguando tu desempeño.

Decir “no” aporta posibilidades de llevar adelante futuros proyectos con el mismo cliente, adherirte al plan original y gestionar las expectativas del proyecto.

Gente siempre dispuesta a complacer mata la producción. Internamente sabes que no es necesario aceptar cosas que retrasan el progreso y no contribuyen al término del proyecto.

Decir que “no” cuidadosamente, crea oportunidades de negocios, muestra que tienes el control de la situación y garantiza que los proyectos realmente se culminen satisfactoriamente. También te hace sentir realmente bien.

Conclusión

Aprender a decir que “no” requiere de un esfuerzo interno bastante considerable. Tienes que poner en orden tus prioridades, y entender que esa actitud te debilita y te hace perder el tiempo.

Lo fundamental es identificar las distracciones y las respuestas comunes de las personas complacientes. Esa decisión te aleja de problemas innecesarios y te ayuda a determinar lo que es realmente importante.

 

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